Locos,
Orates,
Insensatos,
Lunáticos,
Idos,
Enfermos mentales,
Díscolos del sistema,
Enajenación del espíritu,
Conversión a la obra,
Imágenes desamparadas,
Excéntricos aceptados por los beneficios de su ingenio…
¿Quién está más loco en esta barca?
Tanta normalidad hace imposible definir la locura,
la indefinición de la locura es amplia.
Locura, según el diccionario, significa “privación del juicio o del uso de la razón“[1]. Hasta el S.XIX en el saco de la locura entraba todo comportamiento que se desviara de la norma. “Antiguamente, se creía que era consecuencia de maniobras sobrenaturales, o netamente demoníacas. También se pensaba que actuaba en el hombre como castigo divino por la culpa de sus pecados”[2].
La locura se presenta como una paradoja: por un lado, históricamente, se ha instrumentalizado como forma de exclusión basado en unos valores dictados por la hegemonía; y por otro lado, se erige en el centro de la escena como reveladora de la verdad, como instrumento crítico de su sociedad. “A partir del Humanismo, la locura pasa a ser parte directa de la razón y una denuncia de la forma general de la crítica. Es la locura la que ahora analiza y juzga a la razón”[3].
¿Qué papel tienen los artistas en estas transgresiones? ¿Cómo representan y utilizan la imagen de la locura en sus obras? ¿Cómo influye la locura en el arte y en los artistas?
